La vida se le escapó por el hueco que le hizo en el cuello el disparo del oficial recién ascendido
En primer plano, la sangre de Yan. Al fondo, el cuartel de PN.
Sánchez Montero no es cualquier carajo a la vela. Es uno de los armeros del Ejército Nacional. Un tipo que conoce de armas y de su capacidad asesina.
Su víctima fue Leonel Yan, un chico de 20 años, de origen haitiano, como muchos de los vecinos que llegaron allí durante los tiempos de gloria del ingenio Ozama.
Anoche, fue la última vez que vendió los "chimis" y el teniente Sánchez Montero fue, también, su último cliente.
Con la particularidad de que este "cliente" quería que le vendieran a crédito.
Al negarse a las pretensiones del armero de repente vio cuando este levantó su escopeta calibre 12 y se lo colocó frente al cuello, debajo de la barbilla.
El chico cayó tendido y la sangre comenzó a brotar como si se tratara de un río incontenible.
El estampido atrajo a los vecinos.
Uno de ellos corrió con un trapo para colocarlo sobre el boquete en un esfuerzo por evitar que por allí se le escapara la vida.
Sánchez Montero, un sanjuanero con la sangre fría, como si se tratara de un asesino experto, caminó lentamente hacia su vivienda ubicada a pocos pasos, se sentó en una mesedora y se colocó la escopeta sobre las piernas, como en las películas de vaqueros.
Los vecinos cuentan que Sánchez Montero, debido a su condición de armero, le había entregado armas a su mamá, a sus hermanos y a otras personas.
En su casa, muchos tenían armas y eso... el vecindario lo sabía. Por eso le temían.
Anoche, Sánchez Montero regresaba de beberse unos tragos. Celebraba que apenas el pasado 27 de Febrero fue ascendido de sargento a primer teniente y quiso terminar la parranda comiendose los chimis sin pagarlo, según los testigos.
Cuando Yan se desangraba, aunque ya era cadáver, llegó un un vehículo del Ejército, no para apresar al homicida, sino para recoger el cadáver, que no llevaron al hospital más cercano, en la base militar de San Isidro, sino que se lo llevaron al hospital de Ciudad del Almirante, donde lo dejaron.
Los soldados que iban en el transporte, para amedrentar a los vecinos, dispararon repetidas veces al aire. Protegían a uno de los suyos,. que minutos antes había asesinado a un humilde chico del barrio.
Este lunes en la mañana, la indignación en el poblado era incontenible.
Los morenos del lugar, (allí todos son morenos y morenas), no aguantaron más. Gritaron sus reclamos de justicia, buscaron neumáticos y los quemaron frente a las puertas del cuartel.
Todos miraban hacia la residencia de "los sanjuaneros". Estaban animados a ir a por ellos para lincharlos. De reclamar justicia, casi gritaban "venganza".
Finalmente, en medio de las protestas llegaron patrullas policiales que protegieron a la familia del homicida y la sacaron del batey. Se la llevaron de allí.
-"Que se vayan de aquí porque ellos no quieren saber de los haitianos", gritó una vecina .
La policía se llevó a los parientes del oficial homicida, que nadie sabe donde está y que los vecinos sospechan será protegido por las autoridades "porque ellos se protegen".
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