Dice a Miguel Vargas que los errores se pagan
Por Franc Quezada Salas
Dos años atrás nadie en su sano juicio imaginaba un candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano que no fuera el ingeniero Miguel Vargas Maldonado.
Pero sucedió que el propio Miguel Vargas propició una serie eventos y situaciones que modificaron las perspectivas del panorama político nacional.
El asunto comenzó cuando el derrotado candidato presidencial perredeista del 2008 le hizo el juego a la llamada Cumbre de las Fuerzas Vivas y se prestó a conciliábulos oscuros – no autorizados institucionalmente- con el presidente Leonel Fernández.
Más tarde, ya como presidente del partido, se convirtió en juez y parte favoreciendo a unos y aplastando a otros en sus justas aspiraciones de ascenso político.
Luego, creyéndose soberano absoluto, escogió de dedo a la mayoría de los candidatos para las elecciones congresuales y municipales del 2010, dejando fuera a muchísima gente escogida en convenciones legítimas. A resultas de ello el PRD se quedó sin senadores.
Los errores de Miguel Vargas son de fondo, no son de forma. Un desenvolvimiento errático que le acarreó mal querencias, disgustos y muchos enemigos internos.
El asunto de la nueva Constitución, por ejemplo, cuando se elimina el “nunca jamás” para favorecer a Leonel Fernández, fue un “amarrar para que otro enlace” pero doble. Un fenómeno que se da a cada rato en la política dominicana.
Ahí entró en escena Hipólito Mejía.
El Guapo de Gurabo vino ahora con una consigna proselitista que surgió espontáneamente: Llegó papá.
Hipólito le había prestado su poderío interno en el 2007 a Vargas Maldonado para su triunfo arrollador en la convención de ese año.
Hipólito le había prestado su poderío interno en el 2007 a Vargas Maldonado para su triunfo arrollador en la convención de ese año.
Ahora “Papá” está reagrupando sus fuerzas y cuenta con el concurso de otros proyectos internos. Ya ha superado el 60 por ciento de la intención del voto perredeista y sigue subiendo cada hora.
La convención del seis de marzo se le escapó de las manos a Miguel Vargas por sus propios errores. Que se haga cargo de esa realidad. Las acciones desesperadas de último momento no detendrán su caída; pero sí pueden estigmatizarlo irremisiblemente.
Los más cercanos seguidores de Miguel, como gatos boca arriba, andan ofreciendo “bonos” de medio millón de pesos, reparación de viviendas, motocicletas y premios de cien mil, y hasta de millones de pesos a los coordinadores políticos que ganen en sus respectivas localidades.
También se atreven a denunciar que los peledeístas votarán en la convención del PRD a favor de Hipólito Mejía, a la vez que descalifican a firmas encuestadoras a las que días atrás atribuían alta credibilidad y personalmente, el mismo precandidato Vargas acusa al gobierno de inyectarle recursos financieros a la campaña de Hipólito. Puros pataleos.
Ahora, en estos últimos días, están en curso dos planes de los miguelistas: Uno, para sacar del padrón de convencionistas a personas simpatizantes de “Papá” que fueron identificadas en los llamados cara a cara; el otro, una campaña mediática de terror, iniciada por su precandidato, advirtiendo que sacarán a los no perredeistas de los centros de votación usando “tablas con clavos”.
Todas estas iniciativas generadas por la desesperación, resultarán inútiles.
Todo el mundo sabe que el gobierno prefiere a Miguel Vargas como candidato contrincante, por muchísimas razones, alto evidentes.
En cambio, el carisma de Hipólito y la “papá manía” tienen muy preocupados a los comesolos. Ellos saben perfectamente que Hipólito conoce el camino hacia el Palacio Nacional, tiene experiencia de Estado y está probada su capacidad para unir a los perredeistas.
Compañero Miguel, no le siga buscando la quinta pata al gato con escarceos inútiles que reducen su figura política. Admita que sus propios errores lo hundieron en el fracaso y, si usted prefiere mantener la competencia interna hasta el final, hágalo con altura y honorabilidad.
El mundo necesariamente no se acaba con esta convención. Tenga presente que, hasta ahora, “el único muerto que revive es el político”.
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