Aunque dice el refrán “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, el mal de la pobreza extrema siempre ha acompañado a una caficultora con 112 años que reside en una comunidad rural de este municipio, sin el respaldo de ninguna institución de las que dicen trabajar por los ancianos.
Cristina Vallejo pasa el tiempo con su pipa en la boca, cuela café o prepara algo de comer con lo que le proporcionan los vecinos en un fogón de leña en una pequeñita cocina, casi sedimentada por los efectos de las lluvias, en el paraje Las Cañas de la sección Los Guineos, en la zona cafetalera de Panzo, a 18 kilómetros del casco urbano de Neiba.
Envuelta en la miseria, en una vivienda carente de todo: piso de tierra, sin sillas, cama inadecuada, falta de alimentación y otras precariedades, esta centenaria madre no tiene de que agarrarse. Hace unos años vendió su única parcelita de café para cubrir gastos en el velatorio de uno de sus vástagos. Vive con su hijo Víctor, un jornalero en una zona donde el que más tiene sufre los mismos problemas del que menos puede.
Se quejó porque las autoridades no la ayudan y no recibe apoyo de ninguna institución pública ni privada. Cuando se le preguntó que deseaba del presidente Leonel Fernández, solo dijo: “que me dé algo porque vienen aquí y no me dan na”. La caficultora Cristina Vallejo es posiblemente la persona con más edad en el país y probablemente compite con los más ancianos del mundo.
Todo el que la conoce dice que ha sido una incansable trabajadora de la agricultura. Ella recuerda haber sembrado y recolectado muchos granos de café, pero actualmente es una de las más pobre de las 50,000 familias que tiene el sector en el territorio nacional, a la espera de que se tomen en cuenta sus aportes antes de morir.
RECUERDA REVOLUCIÓN DEL AÑO 1912
Aunque aparentemente saludable, no recuerda los gobiernos de Juan Bosch, Hipólito Mejía, Jorge Blanco y Antonio Guzmán, pero sí rememora episodios de Rafael Trujillo, y asegura que “era un hombre bueno, porque todo era legal”, quizás comparando tiempos anteriores con las calamidades que sufre hoy.
No ofreció mayores detalles, pero recuerda la revolución de 1912, conocida con el nombre de Los Quiquises, motivada por los afanes continuistas de Eladio Victoria, sucesor del presidente Ramón Cáceres, en noviembre de 1911.
Cristina Vallejo procreó nueve hijos con dos esposos y le sobreviven Maximina, Pachín y Víctor. Manuelito Vallejo, de 40 años, es su primer biznieto y los hijos de éste se convirtieron tataranietos y algunos de ellos, madres y padres, serán parte de otra generación.
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sancri

viernes, 25 de junio de 2010
No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista...
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